¿Alguna vez fuiste a una playa nudista? Revisando algunos blogs sobre cómo funcionan estos lugares es fácil darse cuenta que lo que, aparentemente, deberían ser lugares desbordantes de libertad, están curiosamente llenos de reglas que uno debe seguir para no ser expulsado ni señalado. No tomar fotografías, no mirar a los demás, usar toallas, entre otras. La idea de un lugar donde se pueda vivir en verdadera libertad y al mismo tiempo no necesitar comprar ropa, se desbarata por resultar inviable.

El problema de la ropa y su gran demanda de producción en masa (ojo que ya no estamos poniendo el problema en las marcas de ropa, sino en la gente que es la que demanda toda esa ropa) es que, al ser una necesidad básica, resulta difícil negarse a su existencia. Por eso las playas nudistas suelen estar alejadas de la sociedad, porque literalmente nada más alejado de la sociedad que creer que una sociedad no necesita ropa.

Desde lo más básico que es evitar el frío, hasta lo más complejo que sería ponerte un polo que diga “Free Britney”, la ropa es necesaria y nos ayuda de muchas maneras. La ropa es un lenguaje universal y la usamos para expresar nuestras emociones, el mejor ejemplo es que en tiempos de pandemia, las mascarillas que van por las calles no solo son quirúrjicas, sino que las hay con todo tipo estampados, accesorios, formas y colores.

El cuerpo humano parece inacabado sin ropa, ¿será por eso que se suele decir que un maniquí, a veces está “desnudo”? Poner tela sobre nuestros cuerpos para ver qué pasa, qué dice de mí o preguntas incluso más profundas como “¿sigo siendo yo con esta prenda?” Devela la increíble complejida que encierra la moda en esta sociedad y lo necesaria que al fin y al cabo es y será siendo.

Como tienda de segunda, encontramos algo lindo para expresar con la ropa, que es una actitud anti consumista, una consciencia a la hora de elegir un clóset con lo necesario y unas ganas de comprar lo que te gusta más allá de la marca. Solo que no tenemos muchas formas de hacerlo notar. Porque, a ciencia cierta, no hay forma de saber si alguien que pasa por la calle está usando ropa nueva o de segunda, siempre se podrá generar una suspicacia que por lo menos nos haga dudar.

¿Qué nos queda? Entenderlo así. Reconocer que somos un movimiento invisible cuyo mensaje pasa más a la interna de quien viste ropa de segunda. Y tal vez hasta verlo como una oportunidad; hace un tiempo se hizo una encuesta sobre qué súperpoder te gustaría tener si pudieras tener uno, y ser invisible salió primero.

¿Te sientes parte de este movimiento invisible?